
El otro día me fui a reencontrar con una amiga de la secundaria que no veía hace tiempo, para ello me tomé el tren de Once hasta Morón. Como debía esperarla en la plaza que queda frente a la estación y estaba yo con las manos vacías como para acompañar los mates que íbamos a tomar, decidí ir a una panadería para comprar unas facturas. Al entrar al negocio, me di cuenta que era una de esas “autoservice”, así que tomé la bandeja y elegí las mías.
Al llegar al mostrador ya me había dado cuenta de las personas que estaban antes que yo en el turno. Por otro lado, llega una mujer con una nena que, estimo yo, tenía 8 años. La mujer como si nada se adelantó en la fila, sin embargo ninguno de los que estábamos antes que ella dijo nada. Llegado el momento en que la chica que atendía dijo:
–la que sigue?
Y esta mujer dice:
–si, yo!, me das ¼ de pan?
Pero la nena irrumpió diciendo:
-“no má, no es nuestro turno!”
La mujer atónita enrojeció en un segundo y dijo:
-ay, disculpá… no me di cuenta! (¿?)
…
